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¿Influye el microbiota intestinal en el riesgo cardiometabólico después de la menopausia?
La menopausia marca un período de cambios importantes en el cuerpo de la mujer, mucho más allá del fin de la fertilidad. La disminución de las hormonas femeninas, en particular los estrógenos, provoca modificaciones profundas en el metabolismo. Estas transformaciones aumentan el riesgo de trastornos como el exceso de colesterol, la resistencia a la insulina y las enfermedades cardiovasculares. Un aumento de peso, especialmente a nivel del vientre, y una inflamación discreta pero persistente agravan aún más esta situación.
El microbiota intestinal, este conjunto de microorganismos que habitan en nuestros intestinos, desempeña un papel clave en estos cambios. Participa en la digestión, en la regulación del sistema inmunitario y en el metabolismo de las grasas. Después de la menopausia, su composición suele modificarse, con una diversidad reducida y un aumento de ciertas bacterias menos beneficiosas. Estos cambios pueden alterar el equilibrio de las grasas en la sangre, favorecer la inflamación y dañar la barrera intestinal. Sustancias como los lipopolisacáridos, procedentes de bacterias, pasan entonces más fácilmente a la sangre y agravan la inflamación, lo que perturba aún más el metabolismo de los lípidos.
Los estrógenos influyen directamente en la composición del microbiota, y a la inversa, ciertas bacterias pueden modificar el nivel de estrógenos en el cuerpo. Esta relación bidireccional se denomina «estroboloma». Después de la menopausia, la disminución de los estrógenos puede desequilibrar el microbiota, lo que, a su vez, afecta la salud metabólica.
Afortunadamente, la alimentación ofrece pistas para restablecer un equilibrio favorable. Las dietas mediterránea, vegetariana o DASH, ricas en fibras, verduras, frutas y grasas saludables, mejoran el perfil lipídico y reducen la inflamación. Las fibras alimentarias, por ejemplo, nutren a las bacterias productoras de ácidos grasos de cadena corta, beneficiosos para el metabolismo. Los probióticos, presentes en ciertos alimentos fermentados, y los prebióticos, como las fibras, también pueden ayudar a restaurar un microbiota más saludable.
Los omega-3, los polifenoles y los fitoestrógenos, presentes en las semillas de lino, la soja o las frutas rojas, también muestran efectos positivos en el colesterol y la inflamación. Estos compuestos actúan en parte modulando el microbiota y reduciendo la absorción de grasas.
Sin embargo, cada mujer reacciona de manera diferente a estas intervenciones, dependiendo de su microbiota, su estilo de vida y su estado de salud inicial. Se necesitan más investigaciones para perfeccionar estos enfoques y adaptarlos a cada individuo. La integración del análisis del microbiota en el seguimiento médico podría, en el futuro, permitir recomendaciones nutricionales más precisas y efectivas para preservar la salud cardiometabólica después de la menopausia.
Sources utilisées
Source du rapport
DOI : https://doi.org/10.1007/s13668-026-00752-6
Titre : The Role of Gut Microbiota in Postmenopausal Women: Implications for Lipid Metabolism and Targeted Nutritional Interventions
Revue : Current Nutrition Reports
Éditeur : Springer Science and Business Media LLC
Auteurs : Claudia Reytor-González; Ludovica Verde; Giuseppe Annunziata; Náthaly Mercedes Román-Galeano; Raquel Horowitz; Martina Galasso; Giovanna Muscogiuri; Evelyn Frias-Toral; Daniel Simancas-Racines; Luigi Barrea